El diseño está en todo

Nota escrita para la revista Integración Empresaria | Carlos Genoud 09/2018 | Integración OnLine

Durante todo el día usamos objetos que fueron diseñados. Desde que nos levantamos de la cama, que fue diseñada para que descansemos y a su vez decore nuestra habitación, las pantuflas han sido diseñadas en relación a nuestro pie, la grifería del lavatorio fue diseñada para que sea funcional y que esté acorde con el diseño de nuestro baño, el cepillo de dientes fue diseñado para ser ergonómico y que podamos con una mano limpiar nuestra boca sin lastimarnos. La tasa para desayunar, la cafetera, la gráfica del café, la ropa, el teléfono, el auto, la cartelería de la calle, la silla de la oficina, la computadora, todo ha sido diseñado. Entonces estamos en la condición de decir que el diseño está en todo.

Un ejemplo muy claro es lo que sucedió, donde se reinauguró el Museo de Diseño en un espectacular edificio, con el lema The Design is Everywhere (El diseño está en todas partes), la muestra estable está compuesta por miles de objetos cotidianos que demuestran definitivamente que el diseño no es algo excluyente, sino que está presente en cada uno de los objetos que nos rodea.

En nuestras latitudes aún podemos observar que existe en el imaginario que el diseño es sinónimo de lujo y exclusividad, que hay empresas que aún no han incorporado el diseño como una herramienta estratégica para la toma del control de su negocio y también es habitual ver que el diseño se suma a la columna de los costos, sin comprender que es una inversión en un activo intangible.

Hoy en día la tecnología, los materiales y procesos productivos, se popularizaron en tal medida que se han convertido en commodities, llevando el diseño a nivel internacional como el principal factor de diferenciación de las compañías.

Podemos encontrar cientos de modelos de batidoras, heladeras, televisores, microondas, estufas, y otros objetos para el hogar, que pueden variar por potencia, cantidad de accesorios, tamaño y diversas prestaciones. Pero si todas esas cualidades no se ven reflejadas en el diseño del objeto, pasarán totalmente desapercibidas. El diseño permite destacar las ventajas y disimular las debilidades de los productos frente a los de la competencia. Se debe entender que muchas veces los productos se defienden solos en los puntos de venta, es por eso ellos deben “hablar” con los usuarios, comunicándoles cuál es su estilo, características, y conduciéndolos a que miren sus cualidades. A su vez un producto no solo se habla de a sí mismo, sino que transmite los valores de la marca y es representante del resto de los productos que la compañía.

Aunque parezca una obviedad mencionarlo, sin diseño estaríamos vendiendo netamente mecanismos y electrónica que serían muy difícil de interpretar y usar por una persona. El diseño le da sentido, lo direcciona y humaniza a esas funciones para que los usuarios, lo elijan, disfruten y tengan nuevas experiencias mientras lo utilizan.

Podemos encontrar cientos de modelos de batidoras, heladeras, televisores, microondas, estufas, y otros objetos para el hogar, que pueden variar por potencia, cantidad de accesorios, tamaño y diversas prestaciones. Pero si todas esas cualidades no se ven reflejadas en el diseño del objeto, pasarán totalmente desapercibidas. El diseño permite destacar las ventajas y disimular las debilidades de los productos frente a los de la competencia. Se debe entender que muchas veces los productos se defienden solos en los puntos de venta, es por eso ellos deben “hablar” con los usuarios, comunicándoles cuál es su estilo, características, y conduciéndolos a que miren sus cualidades. A su vez un producto no solo se habla de a sí mismo, sino que transmite los valores de la marca y es representante del resto de los productos que la compañía.

Aunque parezca una obviedad mencionarlo, sin diseño estaríamos vendiendo netamente mecanismos y electrónica que serían muy difícil de interpretar y usar por una persona. El diseño le da sentido, lo direcciona y humaniza a esas funciones para que los usuarios, lo elijan, disfruten y tengan nuevas experiencias mientras lo utilizan.

El diseño es una herramienta flexible por excelencia, ya que opera tanto con el área comercial y marketing como con las áreas técnicas y de ingeniería. Mientras que en los momentos de crisis, el diseño interviene sobre la manera de customizar y reinterpretar los productos existentes, en otros momentos se trabaja de lleno con la innovación aplicada. Trabaja sobre la marca, los usuarios, los puntos de venta, los productos, el packaging, procesos y costos productivos. El diseño pasó de ser un departamento en las compañías a transformase en una filosofía, como es hoy en día el Design Thinking (Pensamiento de Diseño). La forma de pensar del diseño colabora en el crecimiento de las empresas, porque es inherente a generar estrategias para sorprender, innovar y conseguir mejores resultados.

Se comenzó a vislumbrar el concepto de diseño a inicios de la Segunda Revolución Industrial en 1850, entendiéndolo como una simbiosis entre la estética y la técnica. A partir de aquel momento los productos comenzaron a ser otros, fueron pensados e ideados para las personas y ser fabricados masivamente. Hoy a más de 160 años y luego de haberse diseñado millones de productos, debemos estar convencidos que el diseño es una herramienta estratégica fundamental para las empresas, porque ya es parte de la vida cotidiana de las personas y porque definitivamente el diseño está en todo.